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Yo te perdono




Él nunca me habría pedido que guardara la lista. No me atreví a mostrársela. Es un excelente constructor, un amigo muy querido. Él nos ha construido una gran casa. Pero la casa tiene sus fallas.

«YO TE PERDONO»

la promesa de Dios en los clavos

Cuando decimos que los méritos de Cristo proveen la gracia para nosotros estamos diciendo que hemos sido purificados por su sangre, y que su muerte fue una expiación
por nuestros pecados.

Juan Calvino

No hay diferencia, porque todos hemos pecado y hemos quedado fuera de la gloria de Dios, y somos justificados libremente por su gracia mediante la redención que vino
por Cristo Jesús. Dios se ofreció como un sacrificio de expiación mediante la fe en su sangre.

Romanos 3.22-25

Para todos de una vez todos los pecados son expiados en la Cruz, toda la Caída es borrada, y toda la sujeción
a Satanás y toda la sentencia producto de la caída de Adánes borrada, cancelada y anulada por los clavos de Jesús
.

Conde Nicolás Ludwig von Zinzendorf

Él nunca me habría pedido que guardara la lista. No me atreví a mostrársela. Es un excelente constructor, un amigo muy querido. Él nos ha construido una gran casa. Pero la casa tiene sus fallas.

Solo esta semana me di cuenta de ellas. Porque no fue sino hasta esta semana que empecé a vivir en la casa. Una vez que te estableces en un lugar, te percatas de cada detalle.

«Haz una lista de todo», me dijo.

«Está bien».

La puerta de uno de los dormitorios no cierra. La ventana del cuarto de guardar cosas está rota. Alguien olvidó instalar el toallero en el cuarto de las niñas. Alguien también olvidó colocar la perilla en el estudio. Como dije, la casa es preciosa pero la lista suma y sigue.

Al mirar la lista de los errores cometidos por los constructores, pensé en que Dios seguramente está haciendo una lista de mí. Después de todo ¿no ha hecho Él su residencia en mi corazón? Y si veo defectos en mi casa, imagínate lo que Él verá en mí. ¿Te atreverías a pensar en la lista que Él estará haciendo de tu vida?

Los goznes de la puerta del cuarto de oración se han enmohecido debido a que la puerta no se abre casi nunca.

La estufa llamada celos está sobrecalentada.

El piso del ático está recargado con demasiados lamentos.

El sótano está hasta el tope de secretos.

¿No habría alguien que quisiera correr el postigo y liberar el aire de pesimismo de este corazón?

La lista de nuestras debilidades. ¿Querrías ver la tuya? ¿Te gustaría hacerla pública? ¿Cómo te sentirías si fuera exhibida de modo que todos, incluyendo Cristo mismo, pudiera verla?

¿Quieres que te lleve al momento en que tal cosa ocurrió?

Sí, hay una lista de tus fracasos. Cristo ha escrito tus defectos. Y sí, esa lista se ha hecho pública. Pero tú no la has visto. Ni yo tampoco.

Ven conmigo al cerro del Calvario y te diré por qué.

Observa a los que empujan al Carpintero para que caiga y estiran sus brazos sobre el madero travesaño. Uno presiona con su rodilla sobre el antebrazo mientras pone un clavo sobre su mano. Justo en el momento en que el soldado alza el martillo, Jesús vuelve la cabeza para mirar el clavo.

¿No pudo Jesús haber detenido el brazo del soldado? Con un leve movimiento de sus bíceps, con un apretón de su puño pudo haberse resistido. ¿No se trataba de la misma mano que calmó la tempestad, limpió el templo y derrotó a la muerte?

Pero el puño no se cerró… y nada perturbó el desarrollo de la tarea.

El mazo cayó, la piel se rompió y la sangre empezó a gotear y luego a manar en abundancia. Vinieron entonces las preguntas: ¿Por qué? ¿Por qué Jesús no opuso resistencia?

«Porque nos amaba», contestamos. Es verdad. Una verdad maravillosa aunque, perdóname, una verdad parcial. Él tuvo más que esa razón. Vio algo que lo hizo mantenerse sumiso. Mientras el soldado le presionaba el brazo Jesús volvió la cabeza hacia el otro lado, y con su mejilla descansando sobre el madero, vio:

¿Un mazo? .

¿Un clavo? .

¿La mano del soldado? .

Pero vio algo más. Vio la mano de Dios. Parecía la mano de un hombre. Dedos largos y manos callosas, como los de un carpintero. Todo parecía normal, pero estaba lejos de serlo.

Esos dedos formaron a Adán del barro y escribieron verdades en tablas de piedra.

Con un movimiento, esta mano derribó la torre de Babel y abrió el Mar Rojo.

De esta mano fluyeron las langostas que cubrieron Egipto y los cuervos que alimentaron a Elías.

¿Podría sorprender a alguien que el salmista celebrara la liberación, diciendo: «Tú dirigiste a las naciones con tu mano… Fue tu mano derecha, tu brazo y la luz de tu complacencia» ( Salmos 44.2–3 ).

La mano de Dios es una mano poderosa.

Oh, las manos de Jesús. Manos de encarnación en su nacimiento. Manos de liberación al sanar. Manos de inspiración al enseñar. Manos de dedicación al servir. Y manos de salvación al morir.

La multitud en la cruz entendió que el propósito al martillar era clavar las manos de Cristo a un madero. Pero esto es solo la mitad de la verdad. No podemos culparlos por no ver la otra mitad. No podían verla. Pero Jesús sí. Y el cielo. Y nosotros.

A través de los ojos de la Escritura vemos lo que otros no vieron pero Jesús sí vio. «Él dejó sin efecto el documento que contenía los cargos contra nosotros. Los tomó y los destruyó, clavándolos a la cruz de Cristo» ( Col. 2.14 ).

Entre sus manos y la madera había una lista. Una larga lista. Una lista de nuestras faltas: nuestras concupiscencias y mentiras y momentos de avaricia y nuestros años de perdición. Una lista de nuestros pecados.

Suspendida de la cruz hay una lista pormenorizada de tus pecados. Las malas decisiones del año pasado. Las malas actitudes de la semana pasada. Allí abierta a la luz del día para que todos los que están en el cielo puedan verla, está la lista de tus faltas.

Dios ha hecho con nosotros lo que yo estoy haciendo con nuestra casa. Ha hecho una lista de nuestras faltas. Sin embargo, la lista que Dios ha hecho no se puede leer. Las palabras no se pueden descifrar. Los errores están cubiertos. Los pecados están escondidos. Los que están al principio de la lista están ocultos por su mano; los de debajo de la lista están cubiertos por su sangre. Tus pecados están «borroneados» por Jesús. «Él te ha perdonado todos tus pecados: él ha limpiado completamente la evidencia escrita de los mandamientos violados que siempre estuvieron sobre nuestras cabezas, y los ha anulado completamente al ser clavado en la cruz» ( Colosenses 2.14 ).

Por esto es que no cerró el puño. ¡Porque vio la lista! ¿Qué lo hizo resistir? Este documento, esta lista de tus faltas. Él sabía que el precio de aquellos pecados era la muerte. Él sabía que la fuente de tales pecados eras tú, y como no pudo aceptar la idea de pasar la eternidad sin ti, escogió los clavos.

La mano que clavaba la mano no era la de un soldado romano.

La fuerza detrás del martillo no era la de una turba enfurecida.

El veredicto detrás de la muerte no fue una decisión de judíos celosos.

Jesús mismo escogió los clavos.

Por eso, la mano de Jesús se abrió. Si el soldado hubiera vacilado, Jesús mismo habría alzado el mazo. Él sabía cómo. Para él no era extraño clavar clavos. Como carpintero sabía cómo hacerlo. Y como Salvador, sabía lo que eso significaba. Sabía que el propósito del clavo era poner tus pecados donde pudieran ser escondidos por su sacrificio y cubiertos por su sangre.

De modo que Jesús mismo usó el martillo.

La misma mano que calmó la mar borra tu culpa.

La misma mano que limpió el templo limpia tu corazón.

La mano es la mano de Dios.

El clavo es el clavo de Dios.

Y como las manos de Jesús se abrieron para el clavo, las puertas del cielo se abrieron para ti.

Max Lucado

Publicado en Max Lucado - Link

Yo los ame tanto que me hice como uno de ustedes




Buen dia! Dios resplandezca tu rostro y comienzes a vivir este ultimo mes del año 2008 como un tiempo de reflexion donde podras ver y recorrer tu diario andar en el transcurso del año y Dios permita que hayas dado buenos frutos y recogido buenos frutos.

 «YO LOS AMÉ TANTO QUE ME HICE COMO UNO DE USTEDES»

la promesa de dios en la corona de espinas

Dios se agradó que todo él viviera en Cristo.

Colosenses 1.19

La Palabra se hizo carne e hizo su morada entre nosotros. Hemos visto su gloria, la gloria del Unigénito, quien vino
del Padre, lleno de gracia y verdad.

Juan 1.14

Yo y el Padre somos uno.

Juan 10.30

Ustedes fueron comprados, no con algo que perece como
el oro y la plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, quien fue como un cordero puro y perfecto. Cristo fue escogido antes de que el mundo fuera hecho, pero fue mostrado
al mundo en estos últimos tiempos para su beneficio.

1 Pedro 1.18-20

Él no solo entendió perfectamente nuestro caso y nuestro problema, sino que lo ha resuelto moral, activamente
y para siempre.

P.T. Forsyth

Sabes qué es lo más maravilloso sobre el regreso de Cristo? ¿Sabes cuál es la parte más notable de la encarnación?

No solo que cambió eternidad por calendarios. Aunque tal cambio merece nuestra atención.

La Escritura dice que el número de los años de Dios es inescrutable ( Job 36.26 ). Podemos ir para atrás en la historia hasta el momento en que la primera onda del mar besó las orillas, o la primera estrella alumbró en el cielo, pero nunca lograremos establecer el momento exacto en que Dios fue Dios, porque ese momento no existe. No hay un momento en que Dios no haya sido Dios. Él nunca no ha sido , porque es eterno. Dios no está sujeto al tiempo.

Pero todo esto cambió cuando Jesús vino a la tierra. Por primera vez oyó una frase que no se usaba en el cielo: «Ha llegado la hora». Cuando era un niño, tuvo que abandonar el Templo porque había llegado el momento de hacerlo. Cuando era ya un hombre, tuvo que salir de Nazaret porque era el tiempo en que tenía que salir de allí. Como Salvador, tuvo que morir porque el tiempo de hacerlo había llegado. Durante treinta y tres años, el semental del cielo tuvo que vivir en el corral del tiempo.

Esto es, ciertamente, notable, pero todavía hay más.

¿Quieres ver la joya más brillante del tesoro de la encarnación? Quizás pienses que sea el tener que vivir dentro de un cuerpo. En un momento, él era un espíritu sin limitaciones, y al siguiente, era carne y huesos. ¿Recuerdas estas palabras del rey David? «¿A dónde puedo irme para alejarme de tu Espíritu? ¿A dónde huiré de ti? Si subo al cielo, allí estás tú. Si bajo a la tumba, allí tú estás. Si me levanto con el sol en el este y me pongo en el oeste más allá del mar, incluso allí me guiarás tú» ( Salmos 139.7–10 ).

Nuestra pregunta: «¿Dónde está Dios?» es como si un pez preguntara: «¿Dónde está el agua?» O un pajarillo preguntara: «¿Dónde está el aire?» ¡Dios está en todas partes! Igualmente en Pekín que en Peoria. Tan activo en las vidas de los esquimales como en las de los tejanos. El dominio de Dios es «de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra» ( Salmos 72.8 ). No hay un lugar donde no esté Dios.

Pero cuando Dios entró en el tiempo y llegó a ser un ser humano, el que era infinito llegó a ser finito. Quedó preso en la carne. Restringido por músculos y párpados con tendencia al cansancio. Por más de tres décadas, su una vez alcance ilimitado se vio restringido al largo del brazo y su velocidad al paso del pie de un hombre.

Me pregunto: «¿Estuvo alguna vez tentado a recuperar su infinitud? ¿Habrá considerado, en medio de un largo viaje, trasladarse milagrosamente a la siguiente ciudad? ¿Se habrá sentido tentado alguna vez, cuando la lluvia fría entumecía sus huesos, cambiar las condiciones climáticas? ¿Y no habrá querido, cuando el calor secaba sus labios, sumergirse en el Caribe en busca de alivio?

Si alguna vez tuvo estos pensamientos, nunca cedió a ellos. Ni una sola vez. Jamás usó Cristo sus poderes sobrenaturales para beneficio personal. Con una sola palabra habría podido transformar la dura tierra en suave lecho, pero no lo hizo.Con un movimiento de su mano pudo haber devuelto en el aire los escupitajos de sus acusadores y hacer blanco en sus rostros, pero no lo hizo. Con un levantar de sus cejas pudo haber paralizado el brazo del soldado que le incrustaba la corona de espinas. Pero no lo hizo.

Notable. ¿Pero será esto lo más extraordinario de su venida? Muchos quizás digan que no. Otros tantos, quizás en mayor número, es posible que apunten más allá de su condición de infinito, a su condición de impecabilidad. Es fácil comprender por qué.

¿No es este el mensaje de la corona de espinas?

Un soldado no identificado tomó ramas: suficientemente maduras como para tener espinas, suficientemente flexibles como para doblarse e hizo con ellas una corona de escarnio, una corona de espinas.

A través de la Escritura las espinas simbolizan, no el pecado, sino la consecuencia del pecado. ¿Recuerdas el Edén? Después que Adán y Eva hubieron pecado, Dios maldijo la tierra: «Así es que pondré una maldición en la tierra… La tierra producirá espinas y maleza para ti, y tú comerás las plantas del campo» ( Génesis 3.17–18 ). Zarzas en la tierra son el producto del pecado en el corazón.

Esta verdad halla eco en las palabras de Dios a Moisés. Ordenó a los israelitas limpiar la tierra de los pueblos impíos. Habría problemas si desobedecían. «Pero si no echan a estos pueblos fuera de la tierra, les traerán dificultades. Serán como afilados cuchillos en sus ojos y espinas en sus costados» ( Números 33.55 ).

La rebelión produce espinas. «La vida de la gente mala es como camino cubierto con espinas y trampas» ( Proverbios 22.5 ). Incluso Jesús comparó la vida de la gente perversa a espinos. Al hablar de los profetas falsos, dijo: «Conocerán a estas gentes por lo que hacen. Los espinos no pueden producir uvas, y los abrojos no pueden producir higos» ( Mateo 7.16 ).

El fruto del pecado es espinas. Púas, lancetas afiladas que cortan.

Pongo especial énfasis en las espinas para decirte algo en lo cual quizás nunca habías pensado: Si el fruto del pecado es espinas, ¿no es la corona de espinas en las sienes de Cristo un cuadro del fruto de nuestro pecado que atravesó su corazón?

¿Cuál es el fruto del pecado? Adéntrate en el espinoso terreno de la humanidad y sentirás unas cuantas punzadas. Vergüenza. Miedo. Deshonra. Desaliento. Ansiedad. ¿No han nuestros corazones quedado atrapados en estas zarzas?

No ocurrió así con el corazón de Jesús. Él nunca ha sido dañado por las espinas del pecado. Él nunca conoció lo que tú y yo enfrentamos diariamente. ¿Ansiedad? ¡Él nunca se turbó! ¿Culpa? Él nunca se sintió culpable. ¿Miedo? Él nunca se alejó de la presencia de Dios. Jesús nunca conoció los frutos del pecado… hasta que se hizo pecado por nosotros.

Y cuando tal cosa ocurrió, todas las emociones del pecado se volcaron sobre él, como sombras en una foresta. Se sintió ansioso, culpable, solo. ¿No lo ves en la emoción de su clamor?: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» ( Mateo 27.46 ). Estas no son las palabras de un santo. Es el llanto de un pecador.

Y esta oración es una de las partes más destacadas de su venida. Pero aun puedo pensar en algo todavía más grande. ¿Quieres saber qué es? ¿Quieres saber qué es lo más maravilloso de su venida?

No es que Aquel que jugaba canicas con las estrellas haya renunciado a eso para jugar con canicas comunes.

No es que él, en un instante, haya pasado de no necesitar nada a necesitar aire, comida, un chorro de agua caliente y sales para sus pies cansados y, más que todo eso, necesitaba a alguien -cualquiera- que estuviera más preocupado sobre dónde iría a pasar la eternidad que dónde gastaría su cheque del viernes.

No que haya mantenido la calma mientras la docena de sus mejores amigos sintieron el calor y se apresuraron a salir de la cocina. Ni que no haya dado la orden a los ángeles, que le rogaban: «Solo danos la orden, Señor. Una sola palabra y estos demonios se transformarán en huevos revueltos».

No que se haya negado a defenderse cuando cargó con cada pecado de cada disoluto desde Adán. Ni que haya guardado silencio mientras un millón de veredictos de culpabilidad resonaban en el tribunal del cielo y el dador de la luz quedaba en medio de la fría noche de los pecadores.

Ni siquiera que después de aquellos tres días en el hueco oscuro haya salido al sol de la Pascua con una sonrisa y un contoneo y una pregunta para el humillado Lucifer: «¿Fue ese tu mejor golpe?»

Eso fue fantástico, increíblemente fantástico.

¿Pero quieres saber que fue lo más maravilloso de Aquel que cambió la corona de los cielos por una corona de espinas?

Que lo hizo por ti. Sí, por ti.

MaxLucado

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Hiciste esto por mi?




 

  Buen dia mis hermanos y amigos. 

 ¡Gracias sean a Dios por su regalo indescriptible!

¿Podría ser
que Él quiere ver
todo eso reflejado en tu faz?


¿HICISTE ESTO POR MÍ?

El regalo de Dios es vida eterna en
Cristo Jesús nuestro Señor.

Romanos 6.23

¡Gracias sean a Dios por su regalo indescriptible!

2 Corintios 9.15

Y Dios ha reservado para sus hijos el regalo inapreciable
de la vida eterna; que es guardado en el cielo para ti,
puro e incontaminado, más allá de todo cambio
y depreciación. Y Dios, en su majestuoso poder,
se asegurará que llegues allí para recibirlo porque confías en él. Será tuyo en aquel día final que viene y que todos verán.

1 Pedro 1.4-5

Todo bien y todo regalo perfecto vienen de arriba, del Padre de las luces celestiales, que no cambia como sombras vacilantes. Él decidió darnos vida a través de la palabra
de verdad, para que nosotros pudiéramos ser una clase
de primicias de todo lo creado.

Santiago 1.17-18

Es digno de nuestra compasión. Cuando lo ves, no te ríes. No te mofas. No te vas, ni mueves la cabeza. Te acercas respetuosamente a él, lo llevas hasta el banco más cercano y lo ayudas a sentarse.

Te compadeces del hombre. Es tan tímido, tan cauteloso. Es un ciervo en las calles de Manhattan. Tarzán caminando por la jungla urbana. Es una ballena encallada en la playa, preguntándose cómo llegó allí y cómo hará para salir y volver a las aguas profundas.

¿Quién es esta criatura desamparada? ¿Este huérfano de aspecto tan triste? Se trata de un -por favor, quítense el sombrero- hombre en el departamento de mujeres. Anda en busca de un regalo.

Es posible que sea Navidad. Puede tratarse de su cumpleaños o del aniversario de bodas. Cualquiera que sea el motivo, ha salido de su escondrijo. Dejando atrás las tiendas de artículos deportivos, los negocios de comida y los grandes televisores en el departamento de artículos electrónicos, se aventura en el mundo desconocido de ropa de mujer. No te costará ubicarlo. Es el que permanece inmóvil en el pasillo. Si no fuera por la mancha de sudor debajo de sus brazos, creerías que se trata de un maniquí.

Pero no lo es. Es un hombre en el mundo de una mujer. Nunca había visto tanta ropa interior. En Wal-Mart, donde compra la suya, todo está empacado y en sus respectivos estantes. Pero esto en una selva impenetrable. Su padre le había advertido sobre lugares como este. Aunque el letrero de la sección dice ¡quédese!, él sabe que no lo hará.

Empieza a caminar pero no sabe adónde ir. Claro, no todos los hombres han sido preparados para este momento como lo fui yo. Mi padre veía el desafío de comprar algo para las mujeres como un ritual de pasada, con pajarillos, y abejas y lacitos. Nos enseñó a mi hermano y a mí a sobrevivir cuando vamos de compra. Recuerdo el día cuando nos sentó y nos enseñó dos palabras. Para arreglártelas en un país extranjero necesitas conocer el idioma, y mi padre nos enseñó el idioma del departamento de mujeres.

«Llegará el día», nos dijo solemnemente, «cuando un vendedor se ofrecerá para ayudarles. Cuando ese día llegue, respiren hondo y digan la frase: « Es-tée Lau-der ». A partir de ahí, en cada ocasión en que había de recibir un regalo, mi mamá recibía tres regalos de los tres hombres de su vida: Estée Lauder, Estée Lauder, Estée Lauder.

Mi terror al departamento de mujeres desapareció. Pero entonces, conocí a Denalyn. A Denalyn no le gustaban los productos de Estée Lauder. Aunque le dije que la hacía oler maternalmente, no cambió su opinión. Desde entonces, he tenido que acomodarme a la situación.

Este año para su cumpleaños opté por comprarle un traje. Cuando la vendedora me preguntó por sus medidas, le dije que no las sabía. Y, sinceramente, no las sé. Sé que puedo pasar mi brazo alrededor de ella y que su mano cabe perfecta en la mía. ¿Pero su talla de vestidos? Nunca se lo he preguntado. Hay ciertas cosas que el hombre no pregunta.

La vendedora trató de ayudarme. «¿Es su esposa más o menos como yo?» Me enseñaron que con las mujeres tenía que ser un caballero, pero en este caso, no podía ser cortés si quería contestar la pregunta. Había solo una respuesta: «Es más delgada que usted». Me paré firme en el suelo, tratando de encontrar la respuesta. Después de todo, yo escribo libros. Seguro que podría encontrar las palabras adecuadas.

Decidí ser directo: «Es menos que usted».

O, más cortésmente: «Usted luce más como una mujer que ella». ¿Sería suficiente una pista? «Entiendo que la tienda está reduciéndose ».

Finalmente, tragué y dije la única cosa que sabía decir: «Estée Lauder»

Ella indicó en dirección del departamento de perfumes, pero yo sabía que mejor era no entrar allí. Le buscaría un bolso de mano. Quizás sería más fácil. ¿Qué podría tener de complicado seleccionar un artículo para llevar las tarjetas y el dinero? Yo he usado durante ocho años el mismo monedero. ¿Qué tan complicado puede ser comprar un bolso?

¡Oh, bruto que soy! Dile a un vendedor de una tienda de artículos de hombre que andas buscando una billetera y tu próxima jugada te encontrará parado frente a la cajera. La única decisión que has podido hacer ha sido si la prefieres negra o café. Dile a una vendedora en el departamento de damas que quieres un bolso, y te verás escoltado a un cuarto. Un cuarto lleno de estanterías. Estanterías llenas de bolsos. Bolsos con etiquetas con sus precios. Etiquetas pequeñas pero con precios tremendos… tan tremendos que pueden quitarle a cualquiera las ganas de comprar uno.

Me encontraba pensando en esto cuando la vendedora me hizo algunas preguntas. Preguntas para las cuales no tenía respuesta. «¿Qué clase de bolso le gustaría a su esposa?» Mi mirada al vacío le dijo que no tenía ni idea, así es que comenzó a presentarme una lista de opciones: «¿De mano? ¿De colgar del hombro? ¿De guantes? ¿Grande? ¿No tan grande? ¿Pequeño?»

Mareado ante tantas opciones, tuve que sentarme. Puse mi cabeza entre mis rodillas para no caerme. Pero ella no tenía para cuándo terminar. «¿Con monedero? ¿Un bolso tipo cartera? ¿De bolsillo? ¿Mochila?»

¿Mochila? El sonido de la palabra me resultó familiar. Satchel (mochila, en inglés) Paige había sido un lanzador en las grandes ligas de béisbol. Esta parecía la respuesta. Saqué pecho y dije, muy orgulloso: «¡Satchel! (¡Mochila!)»

Aparentemente, mi selección no fue de su agrado, porque empezó a lanzarme maldiciones en un idioma desconocido. Perdónenme por hacer referencia a esta vulgaridad, pero la señora estaba realmente disgustada. No entendí todo lo que dijo, pero sí me dio la impresión que creyó que estaba tratando con un loco. Cuando hizo referencia al precio puse mi mano sobre el bolsillo donde acostumbro llevar mi billetera y dije, en tono desafiante: «No. Este es mi dinero». Fue suficiente. Salí de allí a toda marcha. Pero cuando salía del cuarto, le di un poco de su propia medicina. «¡Estée Lauder!» le grité y corrí lo más rápido que pude.

¡Ah! Las cosas que tenemos que hacer para darle algún regalo a alguien que amamos.

Pero no importa. Lo volveríamos a hacer. Siempre lo hacemos de nuevo. Cada Navidad, cada cumpleaños. ¡Con cuánta frecuencia nos encontramos en un territorio que no es el nuestro! Adultos en tiendas que venden juguetes. Papás en tiendas para adolescentes. Esposas en los departamentos de caza y esposos en el departamento de bolsos.

Pero no solo entramos a lugares inusuales, sino que hacemos cosas inusuales. Armamos bicicletas a medianoche. Escondemos los nuevos neumáticos con aros de magnesio debajo de la escalera. Supe de un tipo que en un nuevo aniversario alquiló un cine para poder él y su esposa ver de otra vez el vídeo de su boda.

Sí. Lo haremos de nuevo. Habiendo prensado las uvas del servicio, bebemos el más dulce vino de la vida: el vino de dar. Vivimos el momento más hermoso cuando estamos dando. De hecho, nos parecemos más a Dios cuando damos.

¿Te has preguntado por qué Dios da tanto? Podríamos existir con mucho menos. Pudo habernos dejado en un mundo plano y gris; no habríamos sabido establecer la diferencia. Pero no lo hizo así:

Él hizo explotar naranjas en el amanecer

y limpió el cielo para que luciera azul.

Y si te gusta ver cómo se juntan los gansos,

Hay muchas posibilidades que eso lo puedas ver también.

¿Tuvo Él que hacer esponjosa la cola de la ardilla?

¿Se vio obligado a hacer que los pajarillos cantaran?

¿Y la forma divertida en que las gallinas corren

o la majestad del trueno que retumba?

¿Por qué dar a las flores aroma? ¿Por qué dar sabor a las comidas?

¿Podría ser
que Él quiere ver
todo eso reflejado en tu faz?

Si nosotros hacemos regalos para demostrar nuestro amor, ¿cuánto más no querría hacer Él? Si a nosotros -salpicados de flaquezas y orgullo- nos agrada dar regalos, ¿cuánto más Dios, puro y perfecto, disfrutará dándonos regalos a nosotros? Jesús preguntó: «Si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le piden?» ( Mateo 7.11 ).

Los regalos de Dios derraman luz en el corazón de Dios, el corazón bueno y generoso de Dios. Santiago, el hermano de Jesús, nos dice: «Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces» ( Santiago 1.17 ). Cada regalo revela el amor de Dios… pero ningún regalo revela su amor más que los regalos de la cruz. Estos venían, no envueltos en papel, sino en pasión. No estaban alrededor del arbolito, sino en una cruz. Sin cintas de colores, sino salpicados con sangre.

Los regalos de la cruz.

Mucho se ha dicho sobre el regalo de la cruz mismo, ¿pero, y los demás regalos? ¿Los clavos? ¿La corona de espinas? ¿El manto que se apropiaron los soldados? ¿Las ropas fúnebres? ¿Te has dado el tiempo de abrir estos regalos?

Tú sabes que no tenía ninguna obligación de dárnoslos. El único acto, lo único que se requería para nuestra salvación era el derramamiento de sangre, pero Él hizo mucho más que eso. Muchísimo más. Examina la escena de la cruz. ¿Qué encuentras?

Una esponja empapada en vinagre.

Un letrero.

Dos cruces a ambos lados de Cristo.

Los regalos divinos intentan activar ese momento, ese segundo cuando sus rostros se iluminan, sus ojos se abren, y Dios te va a oír susurrando: «¿Tú hiciste esto por mí?»

La diadema de dolor

Que conmovió tu dulce faz,

Tres clavos horadando carne y madera

Para mantenerte en ese lugar.

Yo entiendo la necesidad de la sangre.

Me abrazo a tu sacrificio.

¿Pero la esponja amarga, la lanza cortante,

La escupida en tu rostro?

¿Tenía que ocurrir eso en la cruz?

No hubo una muerte apacible

sino seis horas colgando entre la vida y la muerte,

todo estimulado por un beso de traición.

«Oh Padre», tú insistes,

corazón silencioso a lo que habría de ocurrir,

Siento preguntar, pero necesito saber:

«¿Tú hiciste esto por mí?»

¿Estaríamos dispuestos a hacer esta oración?
¿A tener tales pensamientos?
¿Será posible que el cerro de la cruz esté lleno de regalos de Dios?
¿Los examinamos?

 Desempacamos estos regalos de gracia quizás por primera vez.
 Y mientras los tocas y sientes la madera de la cruz y sigues
las marcas dejadas por la corona y palpas las puntas de los clavos,
 te detienes y escuchas. Quizás lo oigas susurrándote:

«Sí. Yo hice esto por ti».

Max Lucado




Publicado en Max Lucado - Link

Nuestra Dieta Espiritual




Buen dia, Feliz comienzo de semana.Nueva semana para estar meditando de verdad en donde va ir tu alma si hoy no lo buscas a El y asi consigas estar ante El con un corazón lleno de su presencia ,y una dieta espiritual colmada de sus palabras y oraciones.

La gente quizás no piensa mucho en estos días acerca del destino eterno de su alma . . .

Pero no cabe duda de que están mejor educados acerca de sus cuerpos físicos en la tierra.

Las dietas y la nutrición son dos de los temas más candentes, y la fuente de una industria de miles de millones de dólares.

# se concentran mucho más en la largura de la vida o en la prevención de las enfermedades.
Declaran que los niveles de energía, estabilidad emocional y aun la claridad de los pensamientos pueden ser dramáticamente afectados por lo que comemos.

Alimento para nuestro ser espiritual

No obstante, necesitamos más que una dieta balanceada para estar completamente sanos. Aún cuando tenemos una estructura física compleja, ¡Somos esencial y principalmente seres espirituales! Esto es lo que nos separa del reino animal, ya que los animales no tienen naturaleza espiritual. De la misma manera que para lograr una buena salud y un buen crecimiento en el reino corporal es críticamente necesaria una adecuada y bien balanceada dieta, nuestra parte espiritual necesita del alimento espiritul adecuado.

Por eso Dios pronunció estas palabras a través del profeta Isaías:

¡Vengan a las aguas todos los que tengan sed!
¡Vengan a comprar y a comer los que no tengan dinero!
Vengan compren vino y leche
Sin pago alguno.

¿Por qué gastan dinero en lo que no es pan, y su salario en lo que no satisface?

Escúchenme bien, y comerán lo que es bueno, y se deleitarán con manjares deliciosos (Isaías 55: 1-2).

Aun cuando hay un consenso general en la Biblia de que sólo la salvación a través de Jesucristo satisface el anhelo espiritual que tenemos, hay una aplicación más especifica de estas referencias al #, al #, a la # y al # en este pasaje.

Estas palabras se refieren a un importante principio espiritual del que nadie esta exento. Así como el problema físico son el resultado de dietas impropias y deficiencias vitamínicas, los problemas espirituales frecuentemente son el resultado de estar
espiritualmente subalimentados. Así como la diabetes, el colesterol alto y un montón de otros problemas pueden tratarse con un cambio de dieta, numerosas cosas se pueden acomodar en nuestras vida como cristianos cuando seguimos un simple pero radical cambió de dieta. # también es verdad en el reino espiritual, pero muchos creyentes viven en un estado de negación de la causa real de sus problemas.

Es probable ser un cristiano nacido de nuevo en el sentido bíblico de la palabra, y al mismo tiempo esta débil y enfermo por una mala alimentación espiritual. Esto explica bastante la falta de gozo, semidepresión e infructuosa vida de muchos creyentes hoy.
Creo que es una causa fundamental de la ascendente estadística de divorcio entre los cristianos y el crecimiento de la carnalidad a través de la tierra.

¿Cómo podemos pelear # y permanecer fuertes ante nuestro enemigo Satanás cuando nuestros signos vitales espirituales están peligrosamente bajos? ¿Cómo puede una Iglesia producir un impacto positivo en su comunidad cuando ni siquiera puede reunir a sus miembros para orar?
Uno de los secretos de la iglesia y el pueblo que Dios bendice en que entiende y sigue las directivas que el Señor mismo dio para que mantuviera la fortaleza y vitalidad espiritual.

¡Como vamos a ser diferentes de lo que comemos ¡ ¿ Como puede la gracia de Dios obrar poderosamente en nosotros cuando nos privamos del alimento que él a preparado para nuestra alma? ¡Solo un tercio de los que asisten a la iglesia, cristianos profesantes, len la Biblia por lo menos una ves por semana! Con razón están espiritualmente flojos y son fácil presa de los ataques de Satanás.

La practica de la oración en privado y colectivamente como iglesia ha caído al nivel más bajo en muchos lugares. No es de extrañar que las congregaciones apenas sobrevivan y no tengan  valor ni poder como testigos del Evangelios ante los incrédulos. Podemos estar espiritualmente # pero en estado comatoso.

Dios promete claramente que él apagará la sed del sediento y sacia con lo mejor al sediento (Salmos 107: 9), pero ¿Cómo podemos experimentar estas bendiciones si nunca nos sentamos a la mesa y comemos? Nuestro cuerpo natural conoce la satisfacción y el deleite de las buenas comidas, ¿Pero que sucede con nuestro hombre interior que no está interesado en carne y papas?
No en balde tantos cristianos se sienten insatisfechos y vacíos.

Nuestro hombre espiritual solo puede alimentarse cuando participamos de la Palabra de Dios y recibimos la renovación que viene del Espíritu Santo.

Esta falta de bien espiritual también explica por qué hay tan poca alabanza y tanta queja en nuestra vida. Qué poco podemos identificarnos con las palabras del salmista: # (Salmos 63:5).

Al igual que la gente enloquece por una comida de gourmet y pagan tributo al chef que la preparó, el pueblo de Dios continuamente debería cantar las alabanzas de aquel que los alimenta diariamente con lo # Una iglesia que Dios a bendecido es gozosa, bulliciosa, musical, porque ¿Cómo podría ser de otra manera? Cuando # (Sal. 34:8), nos uniremos de todo corazón con los # del salmista, no importa nuestra personalidad ni nuestro trasfondo denominacional.

¡Que verguenza que muchos cristianos se entusiasman más y expresan mejor su emoción al hablar de los partidos de fútbol o de un crucero oceánico que cuando hablan de Jesucristo, el Señor de los cielos y la tierra!

Autor : Max Lucado

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