En el día de la familia, un canal de t.v. abierta sacó de la vieja galera a peter pan en una película. Además de compartirla con mis hijos, que miraban con suma atención. Hice las presentaciones formales de los de detrás de pantalla, un capitán garfio ya grande y un peter pan crecido, me apropié de algunas de sus metáforas y reedité recuerdos. Me sentí el personaje en versión femenina compartiendo cartel con campanita, el hada que le recordaba a un hombre adulto que él había sido peter pan. En mi país del nunca jamás, había una sola tele y era blanco y negro. Que solamente se miraba en fracciones de hora y no a todas como en el presente y como podrían hacer mis hijos que se levantan y la encienden con naturalidad. Solamente faltan que bauticen el aparato y le digan buen día. Y el estoy aburrida no se escuchaba nunca a pesar de que era hija única. Las cosas dejaron de ser como cuando vivía mi mamá. Crecí desde la última vez que jugué despreocupada siendo una nena. Y había un regazo para contenerme, contarme cuentos, cantarme el arrorró. Que hoy no está. Entonces dejé el país del nunca jamás. Para entrar a otro nunca jamás. Donde los días de sol se nublan y se pintan de gris, de vez en cuando. Cuando al corazón lo llenan de desamores, por ejemplo. Cuando uno se entera que la muerte existe. Sin embargo hay una niña perdida en mí que todavía reclama por qué las aventuras son solo para varones. Las nenas también podemos vestirnos con pantalones. Peter y compañía necesitaban ideas felices disfrazadas de canicas para poder volar, las palabras son las mías para planear y entrar en los confines de la imaginación. Créanme es necesario porque ya mujer puedo verme en el reflejo de los ojos de mi hijo cuando agarra el escobillón y sube a él sabiéndolo un caballito en su fantasía. Agarra la pala y la transforma en espada. Y el no grita bangueran porque no lo sabe aún, todavía grita mamá. Cómo peter me pregunto, ¿cuándo, cómo, hace cuántos años que empecé a crecer?. Hace cuántos años que me olvidé cómo ser una nena. Hoy tengo dos hijos. Una casi adolescente y un huracán de tres y medio. Que se niega a dejar los pañales, piyándome la casa como un zorrino si lo obligo a dejarlos. Que se bate a duelo de muerte con la pelela, a pesar de ser azúl , con color de varón, obvio. En los ojos de Flor, está la moniquita que hubo. Mi hija que todavía no se resiste a que una muñeca le tire los brazos. En los ojos de Thomas también habita todavía la moniquita que juega. Y es entonces, cuando lo recuerdo todo. Mis muñecas, mis aventuras, mi pelopincho, mis patines de cuatro rueditas, mi hamaca que se transformaba en carroza, hasta que mamá decía: a tomar la leche y volvía irremediablemente a ser una calabaza hamaca. Y es entonces cuando el piedra libre estalla, recreo el grito que hizo famoso peter pan, ¡bangeran!, y vuelvo a jugar con mis hijos una vez más. Y olvido, en ese mágico instante, las cuentas que hay que pagar el lunes porque vencen. Los vencimientos que no pagué. La plata que no alcanza para comer. Y les recuerdos que entre los pliegues de la realidad su madre no se olvidó de ellos. Aunque la evidencia le juega en contra, su mamá no tiene tiempo para jugar. Entonces la mamá aventurera regresa y recupera un momento para ello y para nosotros, la familia. Peter pan el vengandor ha vuelto. Peter pan, la mamá, ha vuelto de la cotidianeidad que muchas veces se llama plata. Ellos me dicen yo creo en ti mamá. Y vuelvo del país del nunca jamás de los errores, de los fracasos y dejo de batallar y me alio con el tiempo que sigue adelante. Cuando en esta versión el capitán garfio desaparece tragado por un cocodrilo gigante, su último grito es: quiero a mi mamá. Cuando mi hijo no puede con los cordones de las zapatillas, también grita mamá. No puedo quedarme a jugar todo el tiempo. Debo hacer lo que tengo que hacer. Y debo volver a trabajar adentro y fuera de casa. Pero la película me recordó que lo único que necesitamos todos es una idea feliz para volar todos los días aunque tengamos los pies sobre la tierra y de paso, jugar un poco.. "¿Sabés el punto en dónde uno está despierto y donde uno está soñando? Pregunta campanita y me lo pregunto . Ahí es donde habitan los que gritan bangueran, esperándonos a todos los que quieran visitarlos. Para redescubrir con el peter pan adulto, cuando confiesa una vez vuelto a casa, vivir es una gran aventura. MONICA BEATRIZ GERVASONI Morocha urbana
Todos somos peter pan…, todos gritamos bangueran
Comentarios
17-ene-2007 - Comentario sin titulo
Publicado por usuaria desorientada
Muy bonita su propia reflexión. Qué pasó en su vida después de ese día?
12-jun-2007 - grozzzaaa!!!
Publicado por jorge
me saco el sonbrero,por la admiracion que te tengo desde ya!!!segui iluminando canpanita....