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mirame_guapa67
Fecha de publicacion: 18-dic-2006
un borrador que se coló en el cajón de los papeles viejos

La calesita del tiempo...

 

 

Hay una publicidad que pregunta a los lectores: ¿qué pasa con nuestros valores? Y mientras tanto, obliga a una suerte de filosofía casera y cotidiana. Aunque no es tarea fácil ni para tomarse a la ligera.

Fui criada por padres que tenían más edad de ser abuelos que de progenitores. Trataban a mis bisabuelos de usted. De señora madre y de señor padre. Pedían permiso hasta para ir al baño. Había reglas que todo el mundo acataba aunque no fueran escritas, ni pautadas ni establecidas, eran tácitas. Entonces, nadie podía hablar ni meter bocadillo alguno mientras los mayores hablaban. No se podía hablar en la mesa, jamás y bajo ningún concepto estaban permitidas las preguntas. Todo lo que había que saber lo enseñaban los antecesores, los parientes, los vecinos mayores y decentes y los maestros. Mis viejos a su vez habían aprendido de mis tatarabuelos y así más o menos parecido hasta donde se pueda llegar con la memoria. De una generación a otra, el mundo no era tan distinto. Llegaron las guerras mundiales, la tecnología reemplazó a mucha mano de obra humana, llegaron los hippies melenudos pregonando: "hagamos el amor y no la guerra" y encima regalaron flores. Entonces resurgieron los prejuicios con mayor fuerza y brío contra la juventud, desarraigada, desgreñada, rebelde y revolucionaria, para colmo de males. Lo supe porque lo vi en un documental. Y para rematarla cuatro pelilargos que revolucionaron la música para siempre y la manera de bailar, ya que estaban también. Las adolescentes y no tanto, se pusieron a gritar y todo empezó a cambiar. Llegó la bomba atómica y la computadora y todo cambio fue vertiginoso, a la velocidad de la computadora. El mundo tal como lo habían conocido mis padres quedó patas arriba. Antes, los mayores estaban nerviosos y le gritaban a los hijos. Los hijos callaron y los hijos de los hijos también lo hicieron. Los padres decían que cuando eran niños comprendían a los suyos por amor y en nombre de él también callaban. Así era el mundo por aquellos días. Hoy los padres están nerviosos, con terapia o sin terapia, en la mayoría de casos, la plata no alcanza con ella o sin ella, les gritan a sus hijos, sus hijos a su vez gritan con más fuerza y con más palabras. Y todos, tarde o temprano, terminan en el diván. Tengo una hija de seis años. No sé dialogar con palabras y a veces soy muy torpe con las caricias, no estoy muy acostumbrada. Sin embargo, hoy en día sé que es un tipo de diálogo tan importante como el otro. Estoy aprendiendo. Muchas veces ella es mi maestra. Yo sé del mundo hasta mis treinta y tres años, ella mira a su mundo, el de los chicos del 2000 desde sus seis años. Ella me enseña del suyo, yo le muestro el mío, y le cuento del que supe de mis padres. Ayer había autoritarismo y nadie hablaba del amor. Pero no había nadie que dudara de su existencia en todas las relaciones. Y sino, quedaban la responsabilidad, la obligación y el respeto. La palabra abandono no existía, algunos critican el acostumbramiento, puede ser. Hoy hay mayor libertad. Menos represión, menos autoritarismo. Y el ¿amor?... y, el amor ahora se dice, se habla. Se toca. Se pueblan los sentidos. Al bebé se lo acaricia y se lo deja suelto de ropas lo más posible. Cuándo antes lo fajaban. Lo único libre que podía tener era el rostro. Ayer, la leche del desayuno y la merienda era sagrada. Hoy invité a una amiguita de Flor a casa, y al grito de "a tomar la leche", me dijo: "hay que fashión, tomar la leche...Glup.

De todos modos, hay algo que sé a amar se aprende todos los días y hasta último momento. Que la frase "mientras hay vida hay esperanza", no solo no murió, sino que de vez en cuando sale a ventilarse por el siglo XXI. A pesar de la calesita de los tiempos, las edades , las generaciones

"para ver los valores en lo que podemos observar no nos atrevemos siquiera a mirar y lo que no somos capaces de mirar, en primer lugar es la familia"

autoridad: mando o poder sobre otra

los valores no son algo a cumplir, sino algo a manifestar y a la inversa de lo que se supone estos no operan de afuera para adentro están dentro y la actitud no sale a su encuentro sino a facilitarle su expresión a abrirle paso. Cada vez que se focaliza un valor algo adentro se está despertando.

La diferencia provoca crisis.

Hay un miedo a mostrarse sensible.

Contradicciones y contraposición a los valores.

Hombría, masculinidad, virilidad.

Prototipo de otros años.

Valores como la sensibilidad

Contraponer la tolerancia a la agresión.

Lo espiritual que nos vuelve a la propia escencia de ser humano y nos conecta con el sentir.

Aunque tengamos distintas historias, distintos orígenes ek id3ologías el ser humano es la condición que nos iguala a todos los individuos y por eso también aunque de formas diferentes desarrollamos el amor. Y por amor entendemos que es el motor que alimenta el espíritu para poder vivir

Nuestra cultura anestesia mucho el sentir o más que anestesiarlo lo desvirtua y distorsiona.

Aprendiendo a reconocernos, a mirarnos, animándonos a prácticar la libertad cada día más, a no mirarnos como severos jueces ni dejar de exigirnos por considerar que no podemos hacer tales o cuales cosas, dándonos permiso al menos para intentar todo aquello que nos propongamos surge naturalmente una escala de valores. Surge naturalmente un patrón que termina siendo aceptado democráticamente por todos. Porque no viene desde afuera ni es impuesto, sino que como las cosas de la vida, surge naturalmente, sin muchas palabras y con más acción. He aprendido a mirar un poco más allá y más acá. He visto que siempre se ha criticado a los adolescentes y jóvenes ellos siguen revolucionando y trayendo consigo nuevos códigos pero que reflejan los valores de siempre, como la amistad, el amor, el idealismo, la libertad. Como se sienta, como se pueda, y a veces pero siempre intentanto a veces con la misma descarada pretención de llevarse el mundo por delante, no por ser arrogante sino porque eso le da valor suficiente para intentar las empresas.

Todos los valores son facetas de un mismo valor el esencial el absoluto el amor.

Antes ser mayor, era todo un honor y sinónimo de sabiduría. Hoy, es ser viejo.

Sin embargo no es tarea fácil. Ni para hacer a la ligera. Hay lugares donde nos cuesta mirar. Por ejemplo, la familia. De la que vinimos y la que formamos.

El juego el alimento del alma. Cuántas sopas tomadas con prepotencia. Cuánto almidón en guardapolvos usados con rabia. El amor, el alimento del espíritu.



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