EL ABUELO Y SU PAJAR
Publicado 28-ene-2008 06:57
La mañana era de invierno.
El frío era muy intenso.
A la puerta del pajar
sentado estaba el abuelo.
Llegó el hijo del trabajo,
por su padre preguntó
y alguien le respondió:
- Hace poco que marchó,
camino del pajar salió.
Cabizbajo y dolorido,
muy triste estaba el abuelo
pensando en su porvenir
y también en sus recuerdos.
- ¿Qué haces ahí, padre, sentado
en esta fría mañana
de puro invierno?
- Estoy mirando al pajar
por fuera y también por dentro
has llegado en buen momento.
- ¿Ves esas hoces clavadas
arriba en el viejo techo?
Esas sudaron conmigo
en rastrojos y barbechos.
- ¿Ves ese trillo de piedras
carcomido por los años?
Hoy no vale para nada,
mucho me costó comprarlo.
- Lo mismo que los pesebres
comidos ya por el tiempo.
En ellos dormí varias noches
recostado en uno de ellos.
- Ahí guardo yo mis sueños
y también mis desengaños,
solo pensando en vosotros
que pudierais disfrutarlo.
- En él guardo mis enseres,
lo mismo que mis aperos
que compré con mis sudores
y guardé con mucho esmero.
- Mírales bien, hijo mío,
fíjate muy bien en ellos
es lo que pude lograr
a base de mucho esfuerzo.
- Hoy no sirven para nada
no son siquiera un recuerdo.
Están viejos, desfasados...
Tengo que reconocerlo.
- Mira este pajar tan viejo
que de mi padre heredé,
lo cuidé con mucho esmero,
por eso le conservé.
- Mira mi piel arrugada,
mira mis manos gastadas...
Como el trillo de las piedras...
Pensando solo en vosotros
trabajé mucho con ellas.
- Sé que la vida ha cambiado
y me temo lo peor.
Eres el hijo mayor...
Quiero pedirte un favor.
- Yo tengo ya muchos años,
poco me puede quedar.
Me encuentro viejo y cansado
lo mismo que mi pajar.
- Respetad mis herramientas,
y lo mismo a mi pajar.
Yo sirvo para muy poco...
¡Nada! para trabajar.
- Mi querido padre,
a usted le sobra razón
y, además, yo le comprendo,
pero hay que modernizarse
para poder seguir viviendo.
- No olvidaré sus consejos
Respetaremos lo suyo,
herramientas y pajar,
pero lo que no podemos
es, con ello, trabajar.
Esta es la historia, señores,
de abuelo, hijo y pajar.
La solución para ustedes
es fácil de adivinar...
El abuelo... falleció.
¿Y lo demás? ¡Qué más da!
El frío era muy intenso.
A la puerta del pajar
sentado estaba el abuelo.
Llegó el hijo del trabajo,
por su padre preguntó
y alguien le respondió:
- Hace poco que marchó,
camino del pajar salió.
Cabizbajo y dolorido,
muy triste estaba el abuelo
pensando en su porvenir
y también en sus recuerdos.
- ¿Qué haces ahí, padre, sentado
en esta fría mañana
de puro invierno?
- Estoy mirando al pajar
por fuera y también por dentro
has llegado en buen momento.
- ¿Ves esas hoces clavadas
arriba en el viejo techo?
Esas sudaron conmigo
en rastrojos y barbechos.
- ¿Ves ese trillo de piedras
carcomido por los años?
Hoy no vale para nada,
mucho me costó comprarlo.
- Lo mismo que los pesebres
comidos ya por el tiempo.
En ellos dormí varias noches
recostado en uno de ellos.
- Ahí guardo yo mis sueños
y también mis desengaños,
solo pensando en vosotros
que pudierais disfrutarlo.
- En él guardo mis enseres,
lo mismo que mis aperos
que compré con mis sudores
y guardé con mucho esmero.
- Mírales bien, hijo mío,
fíjate muy bien en ellos
es lo que pude lograr
a base de mucho esfuerzo.
- Hoy no sirven para nada
no son siquiera un recuerdo.
Están viejos, desfasados...
Tengo que reconocerlo.
- Mira este pajar tan viejo
que de mi padre heredé,
lo cuidé con mucho esmero,
por eso le conservé.
- Mira mi piel arrugada,
mira mis manos gastadas...
Como el trillo de las piedras...
Pensando solo en vosotros
trabajé mucho con ellas.
- Sé que la vida ha cambiado
y me temo lo peor.
Eres el hijo mayor...
Quiero pedirte un favor.
- Yo tengo ya muchos años,
poco me puede quedar.
Me encuentro viejo y cansado
lo mismo que mi pajar.
- Respetad mis herramientas,
y lo mismo a mi pajar.
Yo sirvo para muy poco...
¡Nada! para trabajar.
- Mi querido padre,
a usted le sobra razón
y, además, yo le comprendo,
pero hay que modernizarse
para poder seguir viviendo.
- No olvidaré sus consejos
Respetaremos lo suyo,
herramientas y pajar,
pero lo que no podemos
es, con ello, trabajar.
Esta es la historia, señores,
de abuelo, hijo y pajar.
La solución para ustedes
es fácil de adivinar...
El abuelo... falleció.
¿Y lo demás? ¡Qué más da!
Vicente Barroso.
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