HA MUERTO "LA MATEA"
Publicado 30-ene-2008 02:22
Recibí la noticia esta mañana.
Me había levantado a las nueve, como siempre, y me había puesto a hacer mis ejercicios de gimnasia.
Poco antes de las diez, sonó el teléfono y lo cogió mi mujer.
Era su prima que nos comunicaba que su madre había fallecido la noche anterior.
Lo hemos sentido mucho, pues, a pesar de su enfermedad que la ha ido destruyendo poco a poco, dejándola sin memoria hasta el extremo, y sumiéndola en la inactividad, siempre la recordaremos como una mujer hiperactiva, que no paraba de trabajar, tanto en casa, como en la carnicería, como en la huerta, sin horarios, desde bien temprano por la mañana hasta las tantas de la noche. Y aún la quedaba humor para echar su partida de brisca, tanto con su marido y su hija, como con los que hacíamos tertulia con ellos, pues siempre fue cariñosa y acogedora con todos.
Se preocupaba hasta el extremo por los suyos. Recuerdo el estado de nervios y la congoja que tenía aquel día que su hija llamó desde Madrid, un tanto preocupada porque aún no había llegado su hijo desde el colegio. Su preocupación hizo que su marido para distraerla y tranquilizarla me la enviara a casa. Temblaba en tal manera que me fue difícil tranquilizarla y hacerla ver que el chico se habría entretenido por cualquier causa, pero no quedó tranquila hasta que el tío vino a decir que acababan de llamar de Madrid y el muchacho ya estaba en casa.
Así era ella: trabajadora incansable, amante de los suyos y dispuesta a ayudar a todos.
Descanse en paz.
Me había levantado a las nueve, como siempre, y me había puesto a hacer mis ejercicios de gimnasia.
Poco antes de las diez, sonó el teléfono y lo cogió mi mujer.
Era su prima que nos comunicaba que su madre había fallecido la noche anterior.
Lo hemos sentido mucho, pues, a pesar de su enfermedad que la ha ido destruyendo poco a poco, dejándola sin memoria hasta el extremo, y sumiéndola en la inactividad, siempre la recordaremos como una mujer hiperactiva, que no paraba de trabajar, tanto en casa, como en la carnicería, como en la huerta, sin horarios, desde bien temprano por la mañana hasta las tantas de la noche. Y aún la quedaba humor para echar su partida de brisca, tanto con su marido y su hija, como con los que hacíamos tertulia con ellos, pues siempre fue cariñosa y acogedora con todos.
Se preocupaba hasta el extremo por los suyos. Recuerdo el estado de nervios y la congoja que tenía aquel día que su hija llamó desde Madrid, un tanto preocupada porque aún no había llegado su hijo desde el colegio. Su preocupación hizo que su marido para distraerla y tranquilizarla me la enviara a casa. Temblaba en tal manera que me fue difícil tranquilizarla y hacerla ver que el chico se habría entretenido por cualquier causa, pero no quedó tranquila hasta que el tío vino a decir que acababan de llamar de Madrid y el muchacho ya estaba en casa.
Así era ella: trabajadora incansable, amante de los suyos y dispuesta a ayudar a todos.
Descanse en paz.
Pablo
0 comentarios :: publicar un comentario ::
link